Agradable

Era agradable cuando las conversaciones salían sin más, cuando en ellas se apreciaba el mínimo grado de entendimiento, una misma manera de ver la vida... Cuando ciertos grilletes, a su vez, eran libertad.

La llave de la comprensión estaba en esos bolsillos llamados corazones. Donde los oídos no solo estaban, también escuchaban, la mente ejercía su función, relativizando la información y llevándola al lugar correcto, el acuerdo.

Sin embargo varias cadenas de ese proceso desfallecieron en el intento, mucho tiempo atrás. Las imposiciones que, en otros tiempos, hubiesen sido motivo de represión, hoy por hoy, estaban, casual y extrañamente, justificadas.

El presente ya no era agradable, era diferente. La libertad unilateral. La libertad de elegir, de pensar, de decir, de decidir... ya no era motivo de comunicación bidireccional.

Era agradable aquel tiempo en que también importaban las sensaciones. Era agradable cuando se escuchaba el silencio y se frenaba en seco la lucha.

Era tan agradable.

Quizá la costumbre. Quizá el silencio. Quizá el exceso. Quizá...

Pero siempre es bonito recordar. Y recordar lo agradable que era dejar al silencio cómodo hacer hueco a la confianza.

Fue agradable...

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